B.A.Rock 2017: Babasónicos y Massacre hicieron lo suyo

B.A.Rock 2017: Babasónicos y Massacre hicieron lo suyo

Ante 6.000 personas, las bandas de Dárgelos y Walas mostraron por qué son número puesto en los festivales. Hoy termina, con la actuación de Fito Páez y Las pastillas del abuelo.

Pablo Strozza

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B.A.Rock 2017: Una jornada que arrancó con rock, quejas y algunas ausencias

Más allá de que el clima acompañó a la segunda jornada de la edición 2017 de B.A. Rock con el mismo sol que brilló en la primera fecha lo más jugoso, en el inicio del domingo, transcurrió en el escenario montado dentro del gimnasio del predio Malvinas Argentinas de Argentinos Juniors. Allí, Viticus brindo un recital apto tanto para nostálgicos de los días metalizados de Riff como para aquellos fieles a la figura del legendario Víctor “Vitico” Bereciartúa.

B.A.Rock 2017: Babasónicos y Massacre hicieron lo suyo

Y fue rock. Viticus dio un show impecable, con temas nuevos y un homenaje a Pappo incluído. (Foto: Germán García Adrasti)

Los dos nuevos temas que la banda estrenó (Equilibrio y Sangre fría) se alejan de la impronta de rock sureño que supo manejar la banda para concentrarse en un sonido de power trío más cercano al hard rock de los 70, con Pappo’s Blues como norte. Y, junto a Boff Serafine, el bajista se dio el gusto de recrear al cuarteto que completaban Pappo y Michel Peyronel con sendas versiones de Ruedas de metal y En la ciudad del gran río.

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Una leyenda. Willy Quiroga recreó con solvencia varios inoxidables de Vox Dei. (Foto: Germán García Adrasti)

“Los dejo con una leyenda: Willy Quiroga”. Así fue como Vitico introdujo al también bajista, pero en este caso de Vox Dei. Como pasó el día anterior con su ex compañero de grupo Ricardo Soulé, Quiroga brindó un muy buen concierto en donde brillaron las viejas canciones de su vieja banda (Jeremías pies de plomo, Es una nube, no hay dudas, Génesis, Libros sapiensales y Azúcar amarga). E hizo recordar un pensamiento que alguien supo dejar alguna vez en Twitter: grabar un tributo a Vox Dei interpretado por bandas de heavy stoner. Una idea para pensar y, porque no, llevar a cabo.

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La sorpresa. Los Pericos ocuparon el espacio que dejó vacío León Gieco; y no defraudaron. (Foto: German Garcia Adrasti)

Y mientras El Bordo y Los Pericos hacían de las suyas en el escenario principal, también en el gimnasio Massacre volvía a dar cuenta de porque son un número puesto en todo festival que se precie. Diferentes maneras abrió su faena, que presentó un recorrido condensado por sus temas más populares como Plan B, Te leo al revés y La octava maravilla, a los que catalogarlos de “hits” suena tan extraño como el lugar que ocupa el grupo dentro del mainstream del rock argentino. “¿Algún chusmerío?”, dijo Wallas en una de sus graciosas intervenciones entre tonada y tonada, antes de encomendarse a la protección de Luis Alberto Spinetta e interpretar Ana no duerme. Como respuesta a ese comentario, bien se puede decir que ante las ausencia no aclarada de León Gieco hubo muchos comentarios entre bambalinas, pero reproducirlos sería descortés y poco profesional.

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Walas. Massacre es infaltable en un festival que se precie. (Foto: Germán García Adrasti)

Boom Boom Kid, por su parte, arrasó en el tercer escenario gracias a su inagotable energía y una banda experta al momento de sonar con furia punk o con velocidad hardcore. Más allá de que jugaba de visitante ante un público que lo desconocía, el cantante se los ganó gracias a temazos como I Do y She Runaway, y terminó su set arrojándose a la gente (faltó su habitual tabla de surf para desplazarse entre la muchedumbre).

B.A.Rock 2017: Babasónicos y Massacre hicieron lo suyo

Boom Boom Kid. Energía desbordante y una banda experta que lo sostiene. (Foto: Germán García Adrasti)

Guasones, por su parte, fueron quienes más cantidad de fans propios atrajeron, de la mano de su rock rutero platense que bebe tanto de los Rolling Stones como de Bruce Springsteen y Tom Petty, y el carisma escénico de Facundo Soto, con su postura y sus movimientos post Juanse Paranoico. Y Fabiana Cantilo apostó a lo seguro: hits propios (Mary Poppins), de Los Twist (Cleopatra, la Reina del Nilo) y covers (Eiti Leda, de Serú Girán, Fue amor, de Fito Páez) con la noche ya entrada y con parte de los seis mil asistentes que ya empezaban a emprender la retirada, sin quedarse al cierre del día, a cargo de Babasónicos.

B.A.Rock 2017: Babasónicos y Massacre hicieron lo suyo

Fabi Cantilo apostó a lo seguro, con hits propios y "ajenos". (Foto: German García Adrasti)

“Saben que éste es el último show de estos, ¿no?”. De manera escueta y canchera Adrián Dárgelos confirmó que el combo abandonará este formato de orquesta electro acústica que inauguraron con Impuesto de fe para reversionar su repertorio, y que los llevó a tocar en el Teatro Colón. Lo notable es que este formato de banda, pensada para presentarse en teatros, puede trasladar esa intimidad al ámbito de un recital de festival al aire libre. No hubo sorpresas en la lista de temas, sí las hubo y para bien en la performance de la banda, que puede pasar de una cita homenaje a Ennio Morricone en Zumba a transformar un rock pesado como Su ciervo en una balada folk, coquetear con el imaginario musical de frontera mexicana en El maestro o acentuar el arreglo “bossanovesco” de Putita. Rubí, con un Dárgelos en plan cantante melódico digno del Festival de San Remo, y con Carca a cargo del rap del medio de la canción, fue quizás el punto más alto del recital. “Nos vemos en marzo”, se despidió el frontman, lo que hace pensar que los forajidos de Lanús se recluirán para componer y grabar un disco con nuevo material. Lo esperamos con ansiedad.

Un excelente Ballet del Colón abrió un ciclo

Un excelente Ballet del Colón abrió un ciclo

Con dirección de Paloma Herrera, el cuerpo de baile del Primer Coliseo deslumbró en su estreno.

Laura Falcoff

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El Ballet del Colón, que desde esta temporada dirige Paloma Herrera, acaba de estrenar un programa mixto, “Noche clásica y contemporánea”, compuesto por cinco obras que se presentarán a lo largo del ciclo.

En el estreno de ayer domingo se vieron tres: Concierto para violín Nº1 de Bruch, del norteamericano Clark Tippet; Por vos muero, del español Nacho Duato; y Tema y variaciones, de George Balanchine. Fue un programa perfecto en sus varias implicancias, con obras muy disímiles y muy exigentes desde el punto de vista estilístico y que tuvieron una respuesta muy afinada por parte del Ballet del Colón.

La obra de Tippet, estrenada originalmente en 1997, es engañosamente académica: los tutús, las zapatillas de punta, y el vocabulario de pasos parecen al principio establecer nítidamente esa procedencia. Sin embargo, tanto la manera en que el coreógrafo plantea el espacio –un dúo puede ocurrir por ejemplo muy cerca de los bastidores, que ya es una ubicación rara en un ballet clásico -como los sutiles desvíos formales y el humor discreto pero evidente, le dan a la obra un carácter propio, original y muy encantador. Excelentes las cuatro parejas centrales: Natalia Pelayo y Maximiliano Iglesias, Georgina Giovannoni y Edgardo Trabalón, Nadia Muzyca y Alejandro Parente (el adagio que interpretaron fue un momento muy alto y muy emocionante de la pieza) y Karina Olmedo y Juan Pablo Ledo.

Por vos muero, que el Ballet del Colón ya tenía incorporada a su repertorio, es una joya absoluta, se la mire por donde se la mire: cómo empieza, se desarrolla y concluye; cómo las escenas sucesivas tienen un carácter tan distinto –jubiloso, festivo, misterioso, amoroso- y sin embargo logran una firme continuidad y coherencia. Y cómo Nacho Duato recrea la atmósfera de una España del Renacimiento con elementos muy austeros, pero el más bello vocabulario de danza. La banda sonora es una recopilación de música española antigua junto con un texto de Garcilaso de la Vega. Preciosa y sutil la interpretación de los bailarines.

Y finalmente Balanchine para cerrar el programa con su conocido Tema y variaciones, sobre música de Chaikovsky. Este coreógrafo ruso-norteamericano fue una de las figuras de la danza más influyentes del siglo XX y en su enorme repertorio se encuentran creaciones de avanzada. Otras están más apegadas a esa tradición académica rusa en la que se formó y que en Tema y variaciones homenajea explícitamente. Pero como quien reencuentra a un antiguo amigo y en ese reencuentro hay algo nuevo y fresco, también Balanchine sorprende con la bella manera en que va al encuentro de su tradición. La pareja principal, Camila Bocca y Maximiliano Iglesias, hicieron muy bien sus roles, del mismo modo que los solistas y el cuerpo de baile.

Ficha

Noche clásica y contemporánea

Ballet: Del Colón

Directora: Paloma Herrera

Obras: De Duato, Araiz, Tippet, Galizzi y Balanchine

Teatro: Colón, Libertad 621 Hasta el 24 de octubre

EXCELENTE

André Rieu: “En las orquestas clásicas, las mujeres visten de negro y parecen monjas”

André Rieu: "En las orquestas clásicas, las mujeres visten de negro y parecen monjas"

El violinista habló con Clarín en Chile. Repasó sus inicios, dijo que nunca escuchó críticas a su estilo, confesó que necesita un millón de euros mensuales para mantener su estructura de trabajo, y se asumió más performer que compositor. El año que viene regresará al Luna Park.

Martín Muti

Martín Muti

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Para André Rieu, el secreto de ser popular en un ambiente elitista y conservador como el de la música clásica está en "tocar con el corazón". Sin embargo, aunque no lo manifiesta explícitamente, hay otro factor que no puede pasar inadvertido: este violinista holandés, que convoca multitudes alrededor del mundo, es un absoluto visionario.

Sin el respaldo de ser un compositor consagrado, y con más distancias que afinidades dentro del universo orquestal, este hombre de 68 años, nacido en la ciudad holandesa de Maastricht -donde aún vive-, dio en la tecla en numerosas ocasiones en un estilo que siempre se consideró alejado de la masividad.

Una de ellas, y las más importante de todas, fue en 1995, cuando definitivamente saltó a la fama con la interpretación de The Second Waltz (El segundo vals), del compositor ruso Dmitri Shostakóvich, incluido en su disco Strauß & Co, lanzado un año antes.

Relajado en la imponente suite presidencial del hotel Sheraton, en Santiago de Chile, Rieu rememora aquel puntapié inicial rumbo a una popularidad que no para de crecer. "Recién terminábamos nuestra primera grabación importante", cuenta en su perfecto inglés.

Aquel disco incluía la exquisita pieza de Shostakóvich, porque en esos tiempos una compañía de seguros la había utilizado para un comercial de televisión. "Sin pensarlo, casi al final de la grabación, decidí incluirlo en el disco", avanza el músico, que estudia violín desde sus 5 años.

-Luego la tocaste en vivo en medio del partido entre Ajax y Bayern Munich, semifinal de la UEFA Champions League en 1995, y fue un boom comercial…

-Sí. Pude tener un minuto en vivo y en directo durante el entretiempo. Pero lo tengo que decir, Ajax me hizo un gran favor y convirtió antes del descanso. La semana siguiente vendí 200 mil discos.

-Y después, encima, Ajax salió campeón.

-¡Por supuesto!

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Sin poder huir de este presente víctima de un sistema digitalizado donde la música más escuchada está, claramente, lejos de cualquier vals de Johann Strauss (y hasta de populares canciones de rock), André Rieu se mantiene como una estrella mundial. Una celebridad que desborda teatros o estadios, que en su gira de 2009 superó a Coldplay y a U2 en las recaudaciones. Una verdadera proeza dentro de un género que se supone para pocos.

Pero otro de los factores que influyen notablemente en los impresionantes números de Rieu, es convertir sus espectáculos en pequeños sketchs humorísticos o, al mismo tiempo que el espíritu sonoro de El Danubio Azul (de Strauss) fluye desde el escenario, transformarlos en pistas de baile con una suelta de globos y descorche de algún que otro champagne para festejar.

-"El secreto está en tocar con el corazón", repetís. Tu éxito, entonces, también está en convertir el estadio, teatro, o lugar que toques, en una fiesta… Aunque a muchos puristas del género no les agrade.

-No sé por qué esto no puede ser una fiesta; si la música es una fiesta en si misma. Mi felicidad se basa en estar en un escenario cada noche, rodeado de las melodías más maravillosas de todos los tiempos, y ver a mi público feliz. Yo nunca escuché críticas, a decir verdad. Probablemente las haya, pero nunca las escuché. (Se ríe) Mi primer crítico fue mi padre (director de orquesta).

-¿Cuando fue el momento en que te diste cuenta que tenías que cambiar el ambiente de la música clásica?

-Desde siempre. Muchos años atrás, cuando estaba solo sentado en el conservatorio de Maastricht, me dije: "Mi Dios, cuánta seriedad hay acá". Entonces traté de cambiar eso y de permitirle a esa música ser divertida. Es música, y es lo que dice tu corazón. Nunca entendí ni entenderé por qué hay algunas personas que no creen que esto se pueda hacer dentro de la música clásica. En las orquestas clásicas las mujeres siempre visten de negro y parecen monjas (en su espectáculo todas poseen vestidos antiguos de diferentes colores). ¿Por qué no hacer música con colores para ver, con mucha belleza para disfrutar?

-En 2012 te enfermaste debido a un virus y tuviste que enfrentar una gran deuda económica luego de cancelar dos giras internacionales. ¿Qué ocurre con tu economía si parás de tocar un año?

-Estuve enfermo dos veces, y no pude tocar en vivo por tres meses. Así que esos meses fueron muy caros. Sin tocar, necesito por lo menos un millón de euros al mes para poder pagar todo. Cuando eso se prolonga, mi economía se viene a pique. Gano mucho dinero con mis conciertos, pero no podés imaginar la cantidad de gente que trabaja conmigo…

-Y tenés la mayor orquesta privada del mundo…

-Estoy muy orgulloso de tenerlos. Fundé la Johann Strauss Orchestra en 1978, con sólo 13 músicos. Tocamos para bodas, restaurantes, en cualquier lugar donde pudiéramos conseguir una reserva y, al principio, fuimos siempre ignorados. Hoy la integran más de 50 músicos.

-Teniendo que pagar sueldos para tu orquesta, asombra el riesgo que tomaste de haber hecho construir réplicas del Palacio Schönbrunn de Viena como escenario, en tu gira mundial de 2008. Y la grave consecuencia económica que te implicó esa decisión, que hasta te llevó a la quiebra. ¿Nunca te arrepentiste?

-Tomo riesgos todo el tiempo. Cada vez que subo al escenario es un riesgo. Parte del éxito se debe a arriesgar. Pero es un buen riesgo; finalmente el público te ama porque das todo. Cada vez que subo al escenario soy un ser real. Y… (pausa) no me arrepiento para nada. No sé por qué tomé esa decisión. Capaz que es porque estoy loco (risas). Pero, de hecho, construí dos escenarios así: otro para Australia. Había una pista de hielo, fuentes, un salón de baile repleto de bailarines… Incluso teníamos un carruaje cubierto de oro real. Solamente le prometí a mi esposa que no lo iba a hacer nunca más (risas).

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-¿Qué diferencias notás entre tu violín Stradivarius (construido en el año 1732) y otro?

-La diferencia está en el tipo de sonido, lo que emana al tocarlo. Es muy pasional y entrega un sonido muy cálido… Claro que tengo el dinero para comprarlo, pero puedo tocar también hermosamente con cualquier violín. Siempre digo que cuando lo toco me recuerda a la cantante de ópera Maria Callas.

-¿Hay alguna canción popular que te haya costado interpretar y/o "transformarla" en música orquestada?

-(Piensa) No… Mirá, te pongo el ejemplo de Cielito lindo, que es un clásico. La toco con mi orquesta y suena como música clásica… (Pausa) Hay veces que mi esposa me comenta sobre canciones de otros géneros que toco, y me pregunta cómo puede ser que suenen a Beethoven. Tengo que usar mi orquesta, y no quiero implementar otros instrumentos para que los arreglos suenen parecidos a la canción original. Es mi educación musical.

-¿Por qué no tenés obras propias?

-No soy un compositor como Mozart que componía con la derecha, tomaba alcohol con la izquierda, y tenía sexo a la misma vez. Soy más un performer que un compositor de música clásica. Aunque tengo algunas canciones de mi autoría, y son más de cinco. Aunque no se diga (risas).

Una casa que tiene 550 años

El sueño cumplido del palacio propio

Rieu vive en un castillo ubicado en Maastricht, con su mujer, Marjorie, con quien arrancó poniendo afiches de sus shows siendo adolescente. La imponente fortificación se llama "De Torentjes" (Las pequeñas torres), data del siglo XV y es considerado un monumento holandés. Lo adquirieron en 1999 por casi dos millones de euros y, precisamente, la cocina del ahora gran castillo es su parte más antigua: según el violinista, data del año 1452. Ese lugar fue la residencia en la que Charles de Batz-Castelmore d’Artagnan, el militar francés cuyas memorias inspiraron las aventuras de Los tres mosqueteros, la novela de Alexandre Dumas, vivió allí los últimos días de su vida antes de ser asesinado en combate, en 1673, en la misma ciudad, durante la guerra franco-holandesa.

Aún más, la historia y el propio André Rieu cuentan que el militar Batz-Castelmore d'Artagnan tomó su último desayuno allí, en esa cocina, antes de morir al servicio del rey Luis XIV.

"Siempre quise vivir en un palacio; era un sueño. De chico leía Tintín; en uno de los cuentos él logra vender un invento del profesor Tornasol, y con lo que cobra de la venta compra un palacio", rememora Rieu sobre su anhelo y su hogar, que dentro de la residencia tiene escrita la leyenda "En este lugar sólo se permite la entrada a los amantes de la música".

Músico todo terreno

"No se debe distinguir por género"​

Los programas de Rieu no sólo incluyen Cuentos de los bosques de Viena, de Strauss, Ballade pour Adeline, de Paul de Senneville, o Nessum Dorma, de Giacomo Puccini, sino que con el pasar de los años añadió a su repertorio música de películas, o canciones famosas como la rockera Tutti Frutti de Little Richard, Somewhere over the rainbow, la balada escrita para la película El mago de Oz, o Cielito lindo, del mexicano Quirino Fidelino Mendoza y Cortés, entre otras. "Hay buena o mala música. No se debe distinguir por géneros. Es un error hacer eso", repite Rieu.

En 2000 compuso su vals La vida es bella, junto con su hermano Jean-Philippe, y en 2013, de su puño y letra salió El vals de la coronación, dedicado a los reyes Guillermo y Máxima de Holanda.

Además, Rieu recibió un regalo muy especial. En 2011, el actor (músico y pintor) británico Anthony Hopkins compuso And the Waltz Goes On​ (Y el vals continúa),que no quiso que fuese tocado por nadie hasta que encontrara al músico adecuado. Cuando escuchó al violinista holandés supo que era el indicado para interpretar la pieza. "La primera vez que la toqué fue con él, frente a una audiencia en Viena. Fue muy emocionante, para los dos", recuerda.

B.A.Rock 2017: El gran final

B.A.Rock 2017: El gran final

Las pastillas del abuelo fueron los más locales en un cierre de festival que tuvo en Utopians y Eruca Sativa dos de sus puntos más sobresalientes, y a un Fito Páez "hitero" con estreno incluído.

Pablo Strozza

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Si en las dos primeras jornadas de la quinta edición del B.A.Rock se vivió una justa reivindicación de aquellos próceres de los años '70 (Emilio del Guercio, Alejandro Medina, Ricardo Soulé, Vitico, Willy Quiroga), en función a los muy buenos shows que brindaron y a la respuesta del público que los vio, en el último día del festival brillaron aquellos grupos y solistas que reivindican ese sonido hard rockero de sus antecesores, con una puesta al día. Ahí estuvieron, entonces, el glam rock boogie de Carca, la dureza de Gran Martell y dos actos que merecen un análisis aparte: Utopians y Eruca Sativa.

El del B.A.Rock fue el primer show de Utopians luego de que Barbi Recanati excluyera de la formación a su guitarrista Gustavo Fiocchi, al conocerse varias acusaciones en su contra por acoso sexual a menores. Su lugar lo ocupó Lula Bertoldi, guitarrista y cantante de Eruca Sativa. Y la elección no pudo ser más atinada: con un estilo más contenido que el que desarrolla en su grupo, Bertoldi se complementó de manera perfecta con Barbi y potenciaron el sonido de Utopians, que pone al día a los Rolling Stones desde el punk rock neoyorquino de Television y Patti Smith, de quien versionaron su hit Dancing Barefoot. Eso, después de grandes tomas de Tren de la alegría y Todo lo que tengo, entre otras canciones.

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Joaquín Levinton en estado puro. El líder de Turf arengó y levantó al público. (Foto: Diego Waldmann)

Y en cuanto a Eruca Sativa, el power trío fue el acto más convocante dentro del gimnasio del Malvinas Argentinas de los tres días del evento, una confirmación de que su crecimiento por ahora no tiene techo a la vista. Aquí sí, Lula pudo desplegar sus dotes de guitar heroine en canciones como Almas gemelas y Fuera o más allá, con un estilo que combina la tensión de Ricardo Mollo con la soltura del Josh Homme de Them Crooked Vultures. Además, invitaron a Adrián Bar, líder de Orions, para versionar Hasta que salga el sol (Tocando en una banda de rock and roll), tema emblema de la edición 1982 de B.A.Rock.

B.A.Rock 2017: El gran final

Eruca Sativa en acción. El power trío fue uno de los puntos sobresalientes de la quinta edición del B.A.Rock. (Foto: Diego Waldmann)

Turf y Dancing Mood, por su parte, tiñieron de fiesta la tarde soleada. Los primeros con un set list plagado de hits, desde Kurt Cobain hasta Pasos al costado, con escalas en Magia blanca y Loco un poco y con un Joaquín Levinton que no paró de arengar con un brazo tapado por una manga con flecos, que terminó por descubrir un yeso producto de una fractura. En tanto, desde el escenario principal, la orquesta comandada Hugo Lobo transformó el predio en un lounge de lujo de la mano de su ska de salón y su precisión en el momento de la ejecución. Vientos que se complementan sin protagonismos egocéntricos, música que pone al oyente de buen talante sin requerir ningún otro esfuerzo que no sea el de escucharla.

En el día de su cumpleaños número 65, David Lebón brindó un concierto memorable en el escenario La balsa, al mismo tiempo que Carajo hacía de las suyas dentro del gimnasio. En buena forma, de muy buen humor, y con Dhani Ferrón en guitarra y el histórico Daniel Colombres en batería, el Ruso fue al grano, con una lista en la que prevalecieron temas de Serú Girán como Esperando nacer, Encuentro con el diablo, una versión extraordinaria de En la vereda del sol y Noche de perros, con un solo de guitarra que lo mostró con sus virtudes intactas, en lo que fue otro de los grandes regresos del B.A.Rock.

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Memorable. En su show, David Lebón actualizó grandes clásicos de Serú Girán. (Foto: Diego Waldmann)

A juzgar por el repertorio, a su turno Fito Páez eligió mostrar su enojo con la realidad actual. El diablo en tu corazón, con su “Ey, ¿qué te pasa, Buenos Aires?”, fue el inicio de un recital en el rosarino puso de manifiesto su incomodidad con el presente local. Enseguida, Naturaleza sangre potenció la apuesta rockera, para luego, junto a Fabi Cantilo, estrenar en vivo Aleluya al sol, adelanto de su próximo disco, titulado La ciudad liberada.

La lista siguió con una sucesión de grandes éxitos, entre ellos Tumbas de la gloria, A rodar la vida y Un vestido y un amor. Antes de Brillante sobre el mic, Páezle pidió al público que prendiera los teléfonos "por la gente que está sola, maltratada o desaparecida”, en una tácita alusión a Santiago Maldonado, y aprovechó la presentación de su bajista, Mariano Otero, de Avellaneda, para disparar un “parece que hubo un quilombo de gente hoy”, en referencia al acto de Cristina Fernández de Kirchner en Racing.

“Dicen que ya no soy yo, ¿y quién mierda voy a ser?”: así modificó la letra de Ciudad de pobres corazones, el punto más alto del concierto, en el que Fito, con las espaldas muy bien cuidadas por su banda, además sacó a rodar nuevo guitarrista con dotes de guitar heroe.

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Combativo. Fito salió a escena interpelando a Buenos Aires y llenó el Malvinas de hits. (Foto: Diego Waldmann)

El cierre, seguido por unas 10 mil personas -cifra oficial-, quedó a cargo de Bersuit Vergarabat y Las Pastillas del Abuelo. En sintonía con Páez, Bersuit siguió con el tono de protesta, con un final que incluyó la vieja Se viene el estallido.

B.A.Rock 2017: El gran final

A viva voz. Bersuit Vergarabat prologó el set de Las pastillas. (Foto: Diego Waldmann)

Definitivamente los más locales de la jornada, Las Pastillas dejó más que satisfecha a esa mayoría evidenciada en banderas e incondicionalidad, con un set extenso Tantas escaleras, Inercia, Creatividad, Absolutismos, entre otros temas- y los firuletes post Sabina que ensayó su líder, Piti Fernandez, que portaba una remera de El Acertijo, el malo de la saga de Batman.

Un signo de interrogación que se traslada al futuro de B.A.Rock: un festival que debe ajustar un par de tuercas de organización, más que nada con los artistas, para sus ediciones futuras.

Cuando el rock es cosa de chicos

Cuando el rock es cosa de chicos

Los Raviolis, Los Tutú, Rayos y Centellas y Rock&Walsh forman parte de una movida que tiene fanáticos entre los chicos, pero también entre los adultos. Cómo se comunican con los niños y cómo consiguen de aliados a sus padres.

Sandra Commisso

Sandra Commisso

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El privilegio de jugar es una de las ventaja de los que trabajan para chicos. Los músicos de las bandas de rock Los Tutú, Rayos y Centellas, Rock&Walsh y Los Raviolis disfrutan de la honestidad brutal que les brinda su público, por debajo de los 12 años. “Si les gusta lo que hacés, te lo hacen saber. Y si no….¡también!”, dicen.

Reunidos en Clarín, Los artistas coinciden en algo fundamental: en la división marketinera del “para adultos/ para chicos”, hay algo que no cambia: la música. A la hora de componer todos los ritmos y géneros suman. Pero la gran diferencia está en las letras.

Cuando el rock es cosa de chicos

Los Raviolis. Hacen canciones con sus experiencias como padres. Foto: Ariel Grinberg

Rafa el Andrada y Alejo Distéfano, de Los Tutú lo explican:“Uno se habilita mucho más el juego a la hora de crear porque tiene a mano el imaginario infantil”. Contrariamente a lo que se podría pensar, para ellos, ese mundo infantil abre muchas más opciones. “Las metáforas siempre tienen mensajes y las temáticas las disfrazamos de algún juego. Pero no todo pasa por ahí, es como en las películas, los chicos leen una cosa y los grandes leen otras muy distintas”.

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El mundo cotidiano que plantea la infancia es el material creativo del que se nutren Los Raviolis. “Con la música no tenemos límites, es lo que nos gusta cómo suena. No hay diferencia si es para grandes o chicos. Pero las letras sí se plantean bien distintas”, dicen Gabriel Wiszna y Valeria Donati. Pero claro, ese mundo infantil no siempre es color de rosa. Y este grupo sabe explotar ese costado. “Nosotros hablamos de los temas vinculados a la infancia, nuestras letras hablan de la intersección de los mundos, de las cosas que los chicos ven de nosotros y nos reímos de eso, del doble estándar y la doble moral”. Es típico de los padres decir una cosa y hacer otra. “Hablamos de escenas de la vida cotidiana, sacadas de la vida real. Mostramos el lado B de la paternidad, nos gusta reírnos de lo más bizarro. Y eso genera mucha empatía. Sacamos a la niñez de la burbuja rosada, la desacralizamos. Por eso tenemos temas que se llaman: No me sale la tarea o Papá dejó el gimnasio… otra vez. Cada momento del día podría tener su canción”, aseguran.

Cuando el rock es cosa de chicos

Parte del grupo Rayos y Centellas. Foto: Ariel Grinberg.

Cuando el rock es cosa de chicos

Los Tutú. Con 17 años haciendo rockl para chicos. Foto: Ariel Grinberg.

Casi todos los artistas de estos grupos, además, vienen de ámbitos donde trabajan con niños: son docentes, profesores, animadores infantiles, actores. Y además, a muchos de ellos los une su propia experiencia con la paternidad y la maternidad.

Para los integrantes del grupo Rock&Walsh, es muy importante, además de lo musical, el humor que le suman a sus temas y actuaciones. “Como somos clowns tenemos un lugar de juego importante en lo que hacemos y el clown es un lenguaje universal que nos atraviesa a todos”, dice Juan Bautista Carreras. “El humor es la excusa ideal para soltarse. Nosotros cuestionamos el mundo del rock y sus estereotipos, nos reímos de eso. Por eso nos hacemos llamar ‘La aplanadora del clown rock’. Y dentro del grupo cada uno tiene su personaje que nos permite interactuar mucho con el público”, cuenta. “Improvisamos, inventamos temas en el momento y salen cosas increíbles. Aunque a veces también salen cosas horribles y ahí aprovechamos el error. Desde el lugar del payaso, sostenemos el ridículo: algo salió mal, pero es normal, nos permitimos jugar con eso”.

Rayos y Centellas es una banda desprendida del grupo Papando Moscas. Gustavo Libedinsky cuenta cómo es esto de componer rock para niños:“A la hora de escribir canciones para chicos, no hay una temática que no podamos abordar, la cuestión es cómo contar cada cosa. Nuestros temas tienen que ver con cómo se relacionan el mundo de los grandes con el de los chicos, la convivencia entre ambos. Pero no es excluyente, hay lugar para la fantasía, la diversión y también la tristeza, porque a los chicos les pasa de todo”.

Cuando el rock es cosa de chicos

11-10-2017 Grupos de Rock para chicos. Reunidos por Clarín, las bandas cuentan cómo componen para un público muy exigente. Foto: Ariel Grinberg.

Como músicos, todos los grupos tienen sus referentes que van desde Los Beatles hasta María Elena Walsh (infaltable si hablamos de niños). Pero también están Led Zeppelin, Los Bee Gees, The Doors y Los Abuelos de la Nada conviviendo con Les Luthiers, Leo Masliah, Gaby, Fofó y Miliki y Pipo Pescador, entre otros.

“Cuando nosotros empezamos hace 17 años, no había bandas para chicos”, dicen Los Tutú que también tienen en sus filas a Luis Alberto Nesvana y Federico Duca. “Primero adaptaron temas conocidos con un ritmo más rockero y después sumamos temas propios. No encontramos resistencia y abrimos la puerta para ir a jugar. El plus nuestro fue el tester previo. Al ser maestros de escuela, probábamos antes si funcionaban las canciones con ese público más cercano”. Ahora van por su cuarto disco y tienen tantos adeptos entre los más chicos como con los adultos. “Muchos padres llevan los discos en el auto con la excusa de los chicos y los escuchan ellos”.

Lo mismo les pasa a Los Raviolis que lograron llenar un Roxy un día del superclásico Boca-River. “Los chicos tienen la atención mas acotada, no se bancan mucho tiempo sin moverse.Así que nosotros vamos mechando juegos en las distintas canciones para que participen y no decaiga el ritmo”, cuentan. Los Raviolis completan su grupo con Martín Cicala, Juan Pablo Esmok Lew,Esteban Ruiz Barrea, Bruno Delucchi y Fernando Bucci. “El gran desafío es que los padres sean fans de la banda”.

Los de Rock&Walsh (además de Carreras, su director, Marcelo Duclos, Fabián Mazzotta, Luciana Buschi, Malena Madero y Damián Candal) . “Lo nuestro es un claro homenaje a María Elena Walsh, pero también una excusa para hacer nuestros propios temas y versiones. A Walsh le buscamos la parte rockera. Respetamos la tradición, jugamos mucho con las metáforas y fantasías y le sumamos la mirada rockera que es, un poco, lo que marcó a nuestra generación”.

Para los Rayos y Centellas que, junto a Libedinsky forman Pablo Zagare, Martín Paladino, Fernando Kabusacki y Gustavo Braga, el gran objetivo es aportar otra mirada sobre el universo infantil, tan rico y complejo. “Somos docentes y conocemos el mundo de los chicos desde ahí y también como padres. Uno de los grandes atractivos es sacarle la parte más dulcificada a la niñez”, dicen Libedinsky. “Los chicos son espontáneos, expresivos, auténticos. Y hay que estar a la altura para responder a eso. Ese es el gran motor y la podés pasar muy bien o muy mal. El de los chicos es un público exigente y cruel. Pero participar de ese juego es parte del encanto”. Está claro que el rock también es cosa de chicos.

Elvis Costello, el tipo de los astilleros

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El músico inglés supo escribir sobre la Guerra de Malvinas y también sobre los vuelos de la muerte en el Río de la Plata.

José Bellas

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Pasó hace una semana y todavía se escuchan los grillos en el Estadio Único de La Plata. Durante el tercer tema del show de U2, Bad, Bono coló un extracto de Gracias a la vida. No se sabe si porque pertenece a una (gran) artista chilena como Violeta Parra o porque al 95 % de los asistentes o no sabían o no contestaban, pero el irlandés se esforzó en hacer notar el tributo. Nada. Seguramente él, tan demandante siempre, podía esperar que no reconocieran que ya había colado dos versos de Into the Mystic (Van Morrison) en el mismo tema, pero… cri cri cri. La misma reacción, más tarde, cuando tocaron el propio Mothers of Disappeared (Madres de los desaparecidos) y entonó & arengó con eso de “el pueblo vencerá”. Escaso feedback, teniendo en cuenta que en el ’98, en su primer show local, hubo ovaciones y cantitos en todo River. ¿Será que ahora el pueblo no quiere vencer, y se conforma con el empate de local? Al fin y al cabo, y por eso retrasaron el show del martes, sólo Messi parece poder y querer ganar de visitante.

En estos días, vía Malpaso, acaba de editarse en español la autobiografía de Elvis Costello, acá titulada Música infiel y tinta invisible. El músico expone, en más de 700 páginas, la evidencia de por qué una parte del prejuicio de fachada que llevó a llamarlo “el Woody Allen del rock” tiene asidero. En parte, porque por sus lazos, colaboraciones, producciones, duetos y demás es realmente un equivalente a Leonard Zelig, aquel personaje capaz de interactuar con todo y todos a lo largo de la historia. Se trata de una vida marinada en música y música, contada con aplomada pasión y estilo.

Así llega, incluso, a conjugarse con nuestro país. Con mucho detalle, se toma sus varias páginas para explicar la creación de Shipbuilding (Astillero), el clásico que escribió durante la Guerra de Malvinas. La (extraordinaria) canción toma como punto de partida la ruina de los astilleros ingleses durante el gobierno de Margaret Thatcher y cómo, de repente, la guerra les da una oportunidad laboral a los desempleados… de construir barcos en los que enviar a sus hijos a morir. El tema fue entregado por Costello para que primero lo grabe el mítico músico y bastión socialista Robert Wyatt, en la que puede que sea su versión definitiva.

Y Costello la rendiría en el disco propio Punch The Clock (1983), con la novedad de un emotivo solo de trompeta de Chet Baker.

El tema devino en clásico, pero poco se sabía de una especie de secuela en Five Minutes with You, del álbum Wise Up Ghost (2013). “Esta canción abre con una mujer de Buenos Aires que está viendo el noticiero con el triunfal discurso de Thatcher. En el verso de la letra traducido al español de Argentina (sic), una hija explica que su padre (un disidente político que planea darse a la fuga) le ha recomendado viajar a Montevideo y esperar su llegada. El destino del padre es el de tantos otros opositores durante el período de la guerra sucia en aquel país. Detenido, es arrojado desde un avión a las aguas del Río de la Plata. La tercera estrofa hace una deliberada referencia a los últimos versos de Shipbuilding: ‘La hélice resonaba monótona cuando desperté a solas/ Abrieron la puerta y me tiraron al agua/ Y me fui hacia abajo como un tornillo que gira/ hacia la plata, con el azul de mis ojos’”. Costello cuenta también de un viaje que hace algunos años realizó por la Antártida, Georgias del Sur y Ushuaia, donde se conmovió frente al monumento dedicado a los caídos del hundimiento del General Belgrano. Y culmina: “He seguido cantando Shipbuilding desde entonces, y suena más triste año tras año”.

Lo mejor y lo peor del B.A. Rock 2017

Lo mejor y lo peor del B.A. Rock 2017

La nueva edición del festival reivindicó a varios históricos, ratificó varios buenos momentos y quedó en deuda en lo organizativo.

Pablo Strozza

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La edición 2017 del B.A. Rock ya es historia, y el saldo de las tres jornadas en el polideportivo Malvinas Argentinas es, cuanto menos, complicado. Las modificaciones y deserciones previas -Ricardo Iorio, Salta la Banca, Raúl Porchetto, Horcas y Claudio Marciello-, y con el festival en marcha -León Gieco y Los Twist-, potenciadas por la falta de una clara comunicación oficial, conspiraron contra el profesionalismo que exhiben emprendimientos de características similares en la actualidad. Y perjudican una marca que buscó tener peso propio sin asociar su nombre a grandes sponsors; una actitud loable en los días que corren.

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En tanto, algunos otros consagrados como Ciro y Los Persas, LFC, o incluso Skay, considerando el carácter independiente del encuentro, más grupos del indie con un alto poder de convocatoria, como El Mató a un Policía Motorizado o Los Espíritus, y proyectos más cercanos al metal alternativo, como Poseidótica, Los Antiguos o Las Diferencias, pudieron haberle dado un upgrade a la grilla.

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Contra eso, vale la pena remarcar varios puntos a favor: la poca distancia entre los escenarios, más la puntualidad, permitieron que los músicos de la vieja escuela (Emilio del Guercio, Willy Quiroga, Alejandro Medina, Ricardo Soulé, Vitico e incluso David Lebón) tuvieran un reivindicatorio número de espectadores, muchos de ellos, primerizos para esos nombres. En esa liga, Litto Nebbia, junto a Pez, brindó uno de los mejores recitales de los tres días.

El B.A. Rock 2017 también confirmó el muy buen momento de Eruca Sativa, el acto que más gente convocó en el escenario Artaud, con Carajo pisándole los talones. Babasónicos, Las Pelotas, Turf, Massacre y Catupecu Machu ratificaron su alto standard de calidad, mientras que Fito Páez convocó a un entusiasta público multitarget. En tanto, Los Pericos y Dancing Mood aportaron la necesaria cuota de perfume dulzón y jamaiquino, pero de pura cepa porteña.

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La Vela Puerca y Las Pastillas del Abuelo cerraron el primer y el último día respectivamente, ante unas 10 mil personas. Sin caer caer en la etiqueta de “rock barrial”, sus propuestas no salen de una zona de confort establecida tanto sobre como abajo del escenario, donde la numerosa adhesión femenina certifica el poder de seducción tanto de la propuesta post alterlatina de los uruguayos como del estereotipo del perdedor deudor de Joaquín Sabina que encarna Piti Fernández.

Propuestas, ambas, que esquivan el riesgo del traslado de un show teatral a un ámbito de festival, que sí planteó Babasónicos y su orquesta electro acústica -cerró el domingo ante seis mil asistentes- reflejada en Impuesto de fe y Repuesto de fe, replicada en el B.A. Rock 2017 por última vez.

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El reclamo por Santiago Maldonado fue una constante, tanto desde las pantallas de los escenarios, entre show y show, como de parte de los artistas. Al mismo tiempo que fueron muchos de ellos los que aprovecharon los micrófonos para pedir por más espacios propios para el rock local, algo por lo que el género no debería llorar en escena, sino conquistarlos por mérito propio e historia.

En ese sentido, sería una gran noticia que el B.A. Rock se establezca como una cita anual primaveral porteña, como lo es la de Cosquín en el verano. El panorama es difícil, pero la empresa no es imposible. Con algunos ajustes, se puede dar. La batalla recién empieza.

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Así ha cambiado Demi Lovato de su primer videoclip al último

Así ha cambiado Demi Lovato de su primer videoclip al último

De Get back a Sorry not Sorry

Han pasado casi 10 años desde que Demi Lovato hiciera su estreno musical por todo lo alto con Get back, single con el que presentaba su debut como solista Don't forget.

La cantante comenzó a trabajar en septiembre de 2007 en este debut musical mientras aún rodaba Camp Rock para Disney Channel.

Su entrada en las listas no pudo ser mejor y consiguió vender cerca del millón de discos aunque la mayor parte de los ojos estaba puesta en su relación con Jonas Brothers que produjeron y co-crearon este disco.

Demi contaba entonces con apenas 16 años pero demostraba al mundo su extraordinario talento musical con un look de lo más adolescente, eso sí.

Con los 26 años en el horizonte y tras publicar cinco discos, el nuevo proyecto musical de Demi Lovato, Tell me you love me, nos muestra a una Demetria Devonne Lovato, radicalmente diferente.

De su inocencia juvenil hemos pasado a una liberación y empoderamiento sexual espectacular.

En Sorry not sorry Demi demuestra que está encantada con su físico y que sabe montar una fiesta como está mandado.

La madurez, musical y personal, de Demi Lovato es ya un hecho contrastado tras superar sus problemas con el alcohol y las drogas, enfrentarse a un trastorno bipolar y a la ruptura con su pareja durante años.

¿La fama es buena para la salud? Preguntamos a expertos

¿La fama es buena para la salud? Esto dicen los artistas y los expertos

Enfermedades crónicas, ansiedad… ¡ninguna de las estrellas del pop parece librarse!

“No hay nada que provoque más soledad que la fama”. "Cuando te haces conocido, la gente cambia a tu alrededor". "Comencé a tener ataques de pánico antes de subirme al escenario, sentía que no era suficientemente buena". “No me gusta la fama, el sentirme observado y juzgado constantemente”. "Me gustaría que entendieran que soy humano (…), esta vida puede destrozarte".

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Lo han dicho Lady Gaga (primera frase), Charlie Puth (segunda), Selena Gomez (tercera), Pablo Alborán (cuarta) y Justin Bieber (quinta), cinco artistas que han tenido que realizar algún parón a lo largo de su carrera para recargar pilas, alguno no hace tanto.

No hay nada que provoque más soledad que la fama

El aislamiento, el estrés, la ansiedad o una idolatría por parte de los fans que puede llegar a ser tan adictiva (al principio) como abrumadora (después) no son los únicos síntomas que pueden acusar los artistas cuando se les viene la fama encima.

Egos descontrolados

La lista es amplia. Por ejemplo, "egos descontrolados" que se inflaman como una pelota cuando el individuo “deja de pensar en su entorno porque todos lo sitúan como centro del universo”, explica el psicólogo experto en Clínica y terapia para adolescentes Jaume Guinot.

Es decir, el éxito 'se sube a la cabeza' y hace que te creas “que eres guay”, como ha reconocido, a toro pasado, Ricardo Moreno de Los Ronaldos en una entrevista reciente.

‪YAY! Today’s #WorldMentalHealthDay 🎉🎈Just a reminder I invite u to meditate/quietmind/pray on Instagram Live w/ me @4pm PST @btwfoundation‬

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Hace ya unos años, Christina Rosenvinge admitía que en sus tiempos de Alex y Christina estuvo “un poco gilipollas”: “Luego tuve que ir pidiendo perdón por todas partes”, explicó antes de insistir en que es algo que pasa a todo el mundo ("a ti también te pasaría", advirtió).

La pérdida de privacidad, el encierro o la limitación de movimientos porque visitar la plaza Mayor de la ciudad se convierte en misión imposible, son otras de las consecuencias.

Entonces, ¿se puede decir que la fama es mala para la salud?

“No, si sabes gestionarla bien”, opina el psicólogo social Manuel Nevado, que sin embargo admite que no es fácil afrontar con facilidad unos cambios que amenazan con poner patas arriba tu vida.

Los trastornos más comunes

Entre los riesgos psicológicos más comunes, el experto cita “los problemas relacionados con la autoestima”.

Además, se pueden sufrir “depresión, ansiedad y trastornos bipolares" que implican una pérdida del control de los impulsos, con "fuertes subidas de ánimo seguidas de caídas en picado”.

#BadLiar 5.18

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Si es complicado manejar una vida que ha virado en muchos aspectos cuando te haces conocido, peor aún es cuando esa fama pasa, señala Nevado, que recuerda que un estudio realizado en EE UU señala que solo un 2% de la gente que alcanza la popularidad, es famoso de forma duradera.

Lo mental y lo físico, unidos

Por su parte, el psicólogo Jaume Guinnot destaca que lo mental y lo físico van unidos, en referencia a ciertas enfermedades que desarrollan los famosos. Y recuerda el peligro de que esas personas, imbuidas en “esa espiral de subida”, puedan descuidarse y sentirse atraídas por conductas de riesgo como consumo de alcohol o drogas.

¿Lo peor? “Dejar de ser tú mismo y comenzar a pensar que eres quien creen tus fans, convirtiéndote en una marioneta a su servicio, alguien que tiene que dar noticias y actividad constante. Esto lleva a una desrealización”, señala el experto, que también da consejos para evitar esta situación.

Cuestión de vínculos

“Hay que tomar distancia con fans, prensa… Hay que saber mantener los vínculos con tu vida, tu realidad. Asumir que la fama es algo falso”, recomienda.

También para Manuel Nevado es fundamental que la persona tenga ayuda profesional especializada que le recuerde que la fama es efímera y les anime a tener un plan B (“si este trabajo me va a permitir ganar mucho dinero, voy a invertirlo de esta manera para el futuro”).

Asimismo, cuidar las compañías, y que estas sean gente de absoluta confianza.

Dame energía para afrontar el reto. #AlboránMásCerca #energía #luz #foto #GalaxyS8 #airelibre #Sol #calor #azul #cielo #maderamojada #sushi #avenaymango #verano #summer #seacerca #8septiembre

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Una cosa más que puede ayudar: saber retirarse a tiempo cuando llegue el estrés (sí, como ha hecho Pablo Alborán). Y, sobre todo, tener los pies muy, muy cerquita del suelo.

Tras Willy Bárcenas y Sebastián Llosa… te hablamos de una DJ cuyo apellido también pesa

Tras Willy Bárcenas y Sebastián Llosa… te hablamos de una DJ cuyo apellido también pesa

Sandra Fernández Tapias

Dicen que tener un apellido famoso te puede abrir muchas puertas pero lo cierto es que, en determinados ámbitos, les obliga a demostrar más que los demás.

En el caso de la música, parece que tienen que defender un talento propio que nada tiene que ver con sus genes y posibles enchufes.

Bien lo sabe Enrique Iglesias que renunció a las ayudas que le podía ofrecer su padre porque quería lograr una carrera por méritos propios.

Está claro que lo del apellido siempre es una carga que no todos saben asimilar. Otros, sin embargo, lo llevan con orgullo como Willy Bárcenas que, pese a que su apellido no le suena bien a mucha gente, él ha logrado que se deje al margen lo que representa para darle una oportunidad a Taburete, su grupo.

Sebastián Llosa es otro de los que está orgulloso de su apellido, llevar el mismo que el Premio Nobel de Literatura, no es para menos.

La Santa, sin apellidos

En la lista hay que añadir ahora a Sandra Fernández Tapias, sí, hija de Fernando Fernández Tapias que, a diferencia de los dos anteriores sí ha renunciado a su apellido para trabajar como DJ bajo el pseudónimo de La Santa.

Gracias @casasuecia por una tarde increíble! 🔝🔥👟 #casasuecia #nhcollectionmadridsuecia #planazo #ambientazo #factogroup #lasantadj

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Si ya es raro que le vaya bien a una mujer DJ, que representan tan solo el 17% de la profesión, imaginaros si, además, lleva un apellido reconocible. En seguida se asocia a otros casos como Kiko Rivera o Fonsi Nieto que han tirado de marca familiar y su caso no tiene nada que ver.

Ella no, ella dejó a un lado lo de Fernández Tapias, “quería ganarme mi sitio por mi trabajo. Además, un DJ es un personaje, una marca que necesita su propio nombre. Y en La Santa está implícito el Tapias”, aseguraba en una entrevista con Vanity Fair.

Aunque en su casa se escuchaba música clásica, boleros y Julio Iglesias, los que van a verla pinchar esperan Deep house, tech house y tecno.

Full video @ https://m.facebook.com/lasantadj/ #ismaelrivasb2blasanta @djismaelrivas @factogroup #factogroup #ismaelrivas #lasantadj

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Y que conste que es fácil reconocerla y no sólo por su estilo para pinchar sino por su maquillaje de guerra, tres líneas rojas y un punto. “Simbolizan las tres divinidades del hinduismo y el tercer ojo; yo soy muy espiritual. Hago meditación y reiki”, asegura.

Una vocación temprana

Con 17 años empezó a hacer sus primeros pinitos pero se fue a París y a Miami a estudiar Comunicación con especialización en Relaciones Internacionales y Económicas. A su vuelta a España se tomó un año sabático y luego se pasó dos años trabajando con Houdini (una especie de myspace).

“Luego lo dejé para formar mi propia empresa de eventos, siempre relacionados con la música y festivales. Se llamaba Yasta Plus Producciones y trabajamos en el sur de España, por Marbella y Andalucía. Hicimos muchos eventos de hasta 4.000 personas”, contó a LOC de El Mundo.

Pero llegó la crisis y su empresa quebró. Ahora se ha convertido en el primer fichaje femenino de la oficina de Wally López y a sus 34 años ha logrado hacerse un nombre y pinchar con gente como Juliete Lewis.

Great night! @juliettelewis @belvederevodkaspain 💙 #juliettelewis #belvederevodkaspain #lasantadj

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Pero que conste que lo de DJ no es su única dedicación, también trabaja en el negocio familiar y eso hace que haya días en los que se acueste a las 6.30 y se levante dos horas después para ir a trabajar a la oficina. Y lo aguanta, “pues no sé… Yo no fumo, ni bebo alcohol ni me drogo. Puedo pinchar cinco horas seguidas a base de agua y sin probar bocado”.

Muy 🔝 @thecultureclubmadrid_oficial gracias @wallylopez !! We had a blast! 🔥 #wallylopezsniteclubmadrid #lasantadj #factobooking #factogroup

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