“Me deprime una nevera vacía”

“Me deprime una nevera vacía”

El músico venezolano Carlos Baute responde al carrusel de preguntas de este diario

Carlos Baute, en Madrid en diciembre de 2015. Carlos Álvarez Getty

¿Prefiere leer en papel o en libro electrónico?

Soy un internauta: leo artículos de 1.000 cosas. De uno salto, a otro.

¿Cuál es su rutina para componer?

Sentarme con mi guitarra y echar horas.

Si pudiera tener un superpoder, ¿cuál sería?

Volar, sin duda. Todo se ve distinto desde arriba.

¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?

Con el presidente del Congreso de Venezuela, Henry Ramos Allup. Es un señor que lleva muchos años en política y tiene un par de aquellos que te conté.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Mi cama.

De su trabajo, ¿dé qué está más orgulloso?

De mi composición. Hay una cosa muy linda en la música y es que recuerda momentos importantes en la vida de la gente. Yo no sé cuánta gente se ha casado con mi música.

¿Dónde no querría vivir?

En lugares fríos.

¿Qué cambiaría de usted mismo?

Lo despistado y lo ingenuo que soy.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

A veces pasa que el cuerpo necesita botar lágrimas, y lloro con la película del domingo. Bueno, llorar… Son dos lágrimas.

¿Con quién le gustaría hacer un dueto?

Con Gente de Zona, Juan Luis Guerra, Carlos Vives, Marc Anthony.

¿Cuál es el mejor consejo que le dieron sus padres?

Que sea yo mismo, auténtico.

¿Con quién se sentaría en una fiesta?

Con algún político. Con Julio Iglesias, por su sabiduría. Con Elsa Punset, y con su padre.

¿Qué le diría al presidente Nicolás Maduro?

Que escuche a Ramos Allup, y lo escuche de verdad. Porque todo lo que le está diciendo él es lo que nos gustaría decirle a todos los venezolanos.

¿Qué fue lo último que compró y le encantó?

Un aparato para que el tubo de dentífrico se quede totalmente vacío.

¿Qué no puede faltar en su nevera?

Mucha comida. Me deprime una nevera vacía.

¿Tiene algún sueño recurrente?

Muy pocas veces recuerdo lo que sueño. Pero mi sueño favorito es soñar que vuelo. Pero no vuelo como Superman. Vuelo solo a dos metros y medio de altura, así que me doy leñazos con todos los toldos de los comercios. Pero igual me causa mucho entusiasmo.

¿Qué le reprochan sus amigos?

Que tengo poco tiempo, que viajo mucho.

La tortilla española, ¿con cebolla o sin cebolla?

Con cebolla. Con todos los juguetes.

¿Messi o Cristiano?

Yo soy del Real Madrid. Pero para mí el mejor jugador del mundo es Messi. Y el jugador perfecto sería un híbrido entre Cristiano y Messi.

¿Cuál es su especialidad en la cocina?

La dorada a la sal con patatas con aceite de oliva y romero. Me queda muy rico.

¿Cuál es su olor preferido?

El olor a verde: el campo, el pino, …

¿Qué tentempié come mientras trabaja?

Cola Cao y galletas.

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Carla Morrison, fenómeno del pop mexicano

Carla Morrison, fenómeno del pop mexicano: “No es delito ser cursi”

La cantante publicó 'Amor supremo' en noviembre y tendrá un largo recorrido este año

Publicado en noviembre de 2015, Amor supremo tendrá un largo recorrido este año. El disco ha cosechado, casi sin buscarlo, elogiosas críticas en Estados Unidos, entre ellas del petulante Pitchfork y The New York Times. Morrison se ha forjado un aura de artista independiente. Ha menospreciado a las disqueras. Mientras grababa su nuevo álbum tomó un curso de emprendedores y liderazgo vía Skype para gestionar mejor su carrera. En abril, la cantante originaria de Tecate, una ciudad de Baja California en la frontera con Estados Unidos, se convertirá en la única mexicana en tocar en el festival de Coachella.

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Morrison comenzó cantando versiones de clásicos del rock en español en bares de su ciudad. Hace 12 años se mudó a Phoenix, Arizona, donde vive su hermano y parte de su familia materna. “Sufrí mucho porque no me gustaba mucho la cultura americana, como la vida es tan solitaria y la gente tan fría”. Durante los seis años que estuvo en Estados Unidos trabajó como secretaria en servicios al cliente de la cadena Macy’s. Escribió la mayoría de las letras de sus canciones en folios que se traspapelaban con cheques y cuentas por cobrar. Entró a la escuela de música, pero se decepcionó al hallar que sus maestros prefirieran que los ritmos salieran de la cabeza y no del corazón.

En un país que ve siempre a sus ciudadanos ir al norte a buscar una vida mejor, Morrison fue al sur. “Todo el mundo me dijo que era un error volver a México”. De vuelta en Tecate, comenzó a subir su música a la red social de Myspace. La cantante cree que la clave de su éxito fueron las letras de sus canciones, intensas historias de desamor de melancólicos arreglos. “Nunca me pareció un delito ser cursi”, dice.

Déjenme llorar se convirtió en un fenómeno que la llevó a tocar en todo el país. Reconoce que no estaba preparada para el aluvión que le trajo la fama. Para recuperar la perspectiva, regresó a casa. “Estaba muy triste, todo se me dio muy rápido y tenía ganas de recordar quien soy”. Grabó Amor supremo durante ocho meses en Playas de Tijuana con solo cinco personas, entre ellas los hermanos Alejandro y Demián Jiménez, los arquitectos de su nuevo sonido, más moderno y atmosférico, lleno de sintetizadores y ritmos digitales.

Morrison se encuentra preparando los puentes que unirán Déjenme llorar con Amor Supremo. Su nuevo sonido ha desplazado los arreglos acústicos que la hicieron famosa. “Cuando escucho ahora mis canciones viejas pienso que son muy feas, no me gustan la producción que tienen”. La cantante presentará nuevas versiones de sus éxitos anteriores en la gira que comienza el próximo 12 de febrero en el Estado de México y que la llevará a recorrer todo el país.

A pesar de lo que ha logrado, Morrison no ve su futuro necesariamente ligado a los escenarios y a la vida licenciosa de los ídolos musicales. La curiosidad y el hambre de conocimiento la llevan a seguir estudiando, ya sea tutoriales sobre programas para componer música o sobre los misterios del universo. Se ha apuntado a clases de astronomía los domingos. “Ser cantante no es lo primero ni lo último que quiero hacer en mi vida. No quiero depender solo de mi voz”, cuenta. Sus sueños son los de una mujer de su edad. “Quisiera ser mamá, ser una muy buena cocinera y poner un negocio”. Carla Morrison no es una estrella pop común.

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Celia Cruz, una vida de telenovela polémica

Celia Cruz, una vida de telenovela polémica

La exitosa serie colombiana sobre la reina de la salsa que ahora se emite en Chile, Bolivia y Uruguay desata las críticas de los familiares

Una joven Celia Cruz canta en la telenovela 'Celia'. Foto: NBC Universal / Vídeo: Telemundo Novelas

La telenovela, estrenada en EE UU por Telemundo el pasado octubre (1,8 millones de espectadores de media), ha cosechado buenos números en prácticamente todos y cada uno de los 15 países donde se ha emitido. En Bolivia, Uruguay y Chile sigue en pantalla. A Andrés Salgado (Barranquilla, 1971), coguionista de la novela, lo llamaron desde la colombiana RCN en 2012 para contarle que habían adquirido los derechos para hacer una producción sobre Celia Cruz. “Obviamente no lo pensé ni un segundo”, asegura.

El objetivo de Salgado era “hacer una especie de paseo desde los cincuenta hasta su muerte”. Para ello, las calles y escenarios de Colombia, Puerto Rico y Nueva York, recrean los lugares y las épocas en las que una tímida joven se fue convirtiendo en diva.

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Tras dos años de investigación, Salgado ha pretendido “contar la historia de una mujer que formó parte de dos de las orquestas más representativas de la música latina: la Sonora Matancera y el movimiento de la salsa en la Fania All-Stars”. Pero el guionista quiso ir más allá de la imagen que proyectaba la cantante sobre el escenario. “Descubrí a esa otra Celia que no se conocía, más bien íntima, a veces dubitativa, a veces asustada. Esa Celia incógnita que siempre procuró guardar”, apunta. Pero Jesús Hernández, sobrino mayor de la artista cubana no está de acuerdo. “Están denostando a mi familia”, señaló Hernández a Efe. Para él, la ficción de Telemundo retrata el entorno familiar de la intérprete “con una moral muy baja”.

El sobrino de Celia Cruz considera que la imagen del padre de la cantante está desdibujada al retratarlo como una persona “abusadora e ignorante”. Además, aprecia que la cantante aparece como una mujer “endeble, timorata, sin mucha personalidad”. “Celia era alegre, jovial, jaranera, pero firme en sus convicciones y de carácter”, subraya Hernández, que considera que la imagen de Cuba en la telenovela es “muy pobre y ofensiva”.

“No ha terminado de entender que esto no es un documental ni una crónica periodística, es simplemente un producción de entretenimiento dramático y ficcionado”, responde Salgado a las acusaciones. De hecho, antes del inicio de cada capítulo y sobre un fondo negro, seis líneas en letras blancas avisan de que el programa es “una serie de ficción basada en la vida de Celia Cruz y no es un recuento histórico, noticioso o documental”.

“Los seres humanos son muy complejos y la verdad absoluta no la tiene nadie. Si Pablo Escobar fuera contado por el libro del hijo… ese Pablo Escobar no tiene nada que ver con el que conocen otros”, argumenta el guionista colombiano.

El albacea de Celia Cruz, Omer Pardillo-Cid, manifiesta serias dudas sobre la telenovela. Cuando RCN lo contactó en el verano de 2012, su primera inquietud fue “cómo sería posible mantener al televidente asido, noche tras noche, cuando su vida a pesar de las vicisitudes, nunca se caracterizó por escándalos, como ya es tan común por estos días”.

Momento del rodaje de 'Celia' que recrea la sala Tropicana de La Habana. NBC Universal

Pardillo-Cid explica que lo dejaron fuera del proyecto desde noviembre de 2012 hasta 2014. “La producción dispuso entrevistar a personas que ellos consideraron, a libre arbitrio, que habían estado más involucradas con Celia”, afirma. Apunta que en el contrato que firmó en octubre de 2012 con RCN para autorizar el uso del nombre de Celia Cruz en la telenovela, se especificaba en uno de los puntos que debían conservar “el buen nombre” de la artista. “Lo cual respetaron hasta cierto punto”, añade antes de apuntar que crearon papeles como el de Noris, “que es un personaje de ficción pero con datos reales de una de las hermanas de Celia”.

El albacea considera, no obstante, que Celia ha revitalizado el legado de la artista para las nuevas generaciones y subraya “la excelente producción y el magnífico trabajo actoral de Jeimy Osorio”. “Estoy seguro de que si de algo Celia puede sentir orgullo, es la forma que se plasmó la parte de los barbudos. Tuvieron la valentía de denunciar las atrocidades de la Revolución”, apunta Pardillo-Cid, que considera que es desde el capítulo 60 (de los 80 totales) cuando comienza “el desatino cronológico” y la “incongruencia absoluta”.

Celia se marchaba para siempre un 16 de julio de 2003. En una carroza blanca tirada por dos caballos blancos, en la que la única nota de color eran algunas flores moradas y el azul y rojo de la bandera de Cuba. Adonde nunca más volvió, de donde no se querría haber marchado. En la telenovela esas imágenes ocupan los minutos finales, pero no han puesto de acuerdo a tantos como la cantante hiciera por las calles de Nueva York bajo un fuerte aguacero.

Una musa que inspira a nuevas generaciones

Jeimy Osorio (Ponce, Puerto Rico, 1988), representa a Celia Cruz en su juventud. La joven actriz asegura que "ha sido uno de los retos actorales más grandes que he hecho en mi vida". "Interpretar la historia de una persona que conocemos, que fue muy querida, fue una gran responsabilidad. Pero a la vez fue un proceso de aprendizaje constante que aún no termina (porque el proyecto se sigue presentando en otros países y la responsabilidad sigue siendo la misma)", afirma Osorio.

"Era una mujer que tuvo todas las de perder, eso es lo que ella pensaba, siendo mujer en los cincuenta, que tenían menos derechos que ahora. Me ha cambiado la vida", afirma. “Esta novela está basada e inspirada en hechos de la vida de Celia, pero no es realmente una biografía. A mí me toco imaginarme una mujer que todos la recordamos por ser una estrella, pero tratando de meterme en el papel de una mujer humilde, que tenía valores desde su familia”, reflexiona. La joven actriz llegó a visitar el barrio cubano de Lawton, donde está la casa en la que Celia Cruz vivió, Radio Progreso, donde comenzó la carrera de la reina de la salsa, y el Tropicana, uno de los primeros lugares donde actuó.

El proceso de inspiración de Osorio llegó hasta tal punto que llevó flores y cantó ante la tumba de la madre de Celia. En la segunda parte de la telenovela, es la cubana Aymee Nuviola la que toma el relevo en el papel de la gran diva cubana.

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Fetén Fetén, un viaje con aire porteño a los años 20

Fetén Fetén, un viaje con aire porteño a los años veinte

El dúo instrumental edita 'Cantables', un disco en el que han unido su música a Julieta Venegas, Natalia Lafourcade o Jorge Drexler

Fetén Fetén posa en la sede de Sony Music, en Madrid. Kike Para

Fetén Fetén asegura que cada una de las canciones de su nuevo disco es un viaje. Más allá de la poesía en la frase, es una afirmación real. Cantares contiene una docena de temas a cuál más envolvente. Suenan a tango, a milonga, a cabaré. Jorge Arribas y Diego Galaz deambulan por los años 20. No les hacía falta, pero con su nuevo disco han redondeado su música instrumental, acompañándola de exquisitas voces como la de Jorge Drexler, Julieta Venegas, Natalia Lafourcade, Fito Cabrales y Andrés Suárez.

Canciones mimadas al milímetro, "hechas a medida del artista que la iba a interpretar", señala Galaz. Consideran todas ellas un regalo, aunque creen que hay alguna que puede sorprender especialmente. Intentan no mojarse, pero acaban haciéndolo. "Que Julieta Venegas cante un pasodoble es muy curioso. O que Jorge Drexler con las agendas que tiene haya podido colaborar… Lo sentimos igual de regalo que todos, pero nos hizo mucha ilusión". También les sorprendió "la escucha de Arnaldo Antúnez que canta Alegría, por la tesitura. Tiene un canto muy grave y muy profundo y llama un poco más la atención", cuenta Gamez, que prosigue señalando el punto artesanal que tiene Cantares. "Cuando vas haciendo un disco de este tipo, con mucha pausa, lo vas creando poco a poco, saboreándolo. Han sido casi dos años, no está hecho tan a lo loco. En él todo tiene un sentido".

La oportunidad les llegó por pura casualidad en una gira por Buenos Aires en 2013. "Estábamos tocando en garitos para 50 personas, y allí Sebastián Schon nos escuchó", recuerda Arribas. Schon, que se convertiría más adelante en letrista y productor de Cantares, le puso letra al Vals para Amelia, una canción que Diego Galaz le había compuesto a su madre. Esa canción les hizo darse cuenta que "les faltaba algo, porque nuestras melodías se podían cantar".

De la aportación de Schon deriva el aire porteño del disco. "Las canciones tienen mucho de acordeón, que puede recordar a un bandoneón, y también colaboran muchos artistas latinos. Si se mezclan esos timbres y el violín trompeta que toca Diego, un instrumento de algunos violinistas argentinos, desemboca en la magia argentina que desprende el trabajo", apunta Arribas. Su compañero lo corrige. "No es un violín trompeta, es un violín corneta. Un gramófono de los años 20".

Ese instrumento es otra de las particularidades del dúo, que domina todo tipo de insólitas herramientas con musicalidad. "La gente se sorprende y luego sonríe, porque se dan cuenta de que los transporta directamente a la década de los 20", comenta Galaz. "Todo el mundo ha visto un serrucho. Lo sorprendente es que cuando cambias las cosas un poco de su lugar habitual, nos dan un poco de miedo porque no sabemos que va a acontecer". Aunque a ellos lo que les llama la atención es que la gente fotografíe un serrucho. "El público en los conciertos con esos instrumentos cambiados de rol se traslada directamente a la infancia, porque sacan esa parte que casi todos los mayores hemos perdido, la de sorprendernos con cosas tan infantiles como ver a alguien tocando un serrucho", teoriza Diego Galaz.

Dan imagen de ser unos artistas eclécticos. Y lo son. Solo se resisten, de momento, a animarse a ser ellos mismos quienes les pongan voz a sus melodías. "Con nuestro trabajo queremos reivindicar también los oficios de la música", defiende Galaz. "Cantar es una responsabilidad, y, a pesar de todas las estéticas y los gustos, todo el mundo sabe decir cuando alguien canta bien y cuando alguien canta mal. Te puede gustar algo más o menos, pero por esa objetividad reconocemos que hay gente que lo hace mejor que nosotros, y hay que echarse al lado y hacer tu trabajo, zapatero a tus zapatos". Jorge Arribas completa la reflexión de su compañero. "A nosotros nos gusta la música instrumental, aunque, cuando vives algo en la vida que te marca, las etapas del camino te hacen ir modificando. Y esta que estamos viviendo es una gran etapa".

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Muere Emilio Navaira, cantante tejano

Muere Emilio Navaira, referente de la música tejana

Estadounidense de origen hispano logró en 2008 un Grammy Latino al Mejor Álbum de Música Tejana

Muere Emilio Navaira: Emilio Navaira, en 2008, durante la recogida del Grammy latino al mejor album de música tejana. M. Caulfield / WireImage Getty Images

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El cantante estadounidense de origen hispano Emilio Navaira ha hallecido a los 53 años de un ataque al corazón en un hospital de San Antonio (Texas). Con más de una quincena de discos publicados, Navaira era un referente la música texana. Había actuado el pasado fin de semana en la Arena de Monterrey (México) por el Día de las Madres.

Con su trabajo, De Nuevo, Emilio Navaira logró el premio un Grammy Latino al Mejor Álbum de Música Tejana en 2008. También grabó con la cantante mexicana Selena, asesinada en 1995, el tema Tu Robaste mi corazón.

Casado dos veces, Emilio Navaira tenía cinco hijos. Nació en Texas el 23 de agosto de 1962 y tras graduarse en la escuela secundaria recibió una beca de música en la Universidad de Texas-San Marcos. En 2008 sufrió un grave accidente de tráfico que le causó lesiones cerebrales y pérdida de memoria. Conducía ebrio y por ello estuvo preso tres días y en libertad condicional durante dos años.

Comenzó su carrera junto a David Lee Garza y Los Musicales, después formó parte del grupo Río junto a Raúl e Ivette, hasta el accidente de coche. Destacó por canciones como Esperando su llamada o Ya no me pones atención.

Los seguidores de Emilio Navaira y sus compañeros de género musical están dando muestras de cariño y condolencias a través de las redes sociales. Entre ellos, representantes de grupos como La Mafia o Bobby Publido.

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Muere Don Lupe Tijerina, el último de Los cadetes de Linares

Muere Don Lupe Tijerina, el último de Los cadetes de Linares

El cantante falleció en la madrugada de este martes tras un concierto

La música norteña está de luto. Durante la madrugada de este martes falleció Don Lupe Tijerina, de 69 años, fundador de Los cadetes de Linares. De acuerdo con los integrantes del grupo, el cantante comenzó a sentirse mal durante el concierto en Ciudad Fernández (San Luis Potosí). Inmediatamente fue trasladado en ambulancia, pero en el hospital falleció a causa de un infarto.

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Mario Quintero, de Los Tucanes de Tijuana, fue quien confirmó la muerte del músico. "Nuestro más sentido pésame para toda la familia Tijerina por el fallecimiento de nuestro gran amigo, colega y maestro de la música norteña el Sr. Don Lupe Tijerina, acordeonista y 2da. Voz de Los Cadetes de Linares, una agrupación que aportó muchísimo a la historia de la música norteña a nivel internacional", señaló.

En la página oficial de Facebook de Los cadetes de Linares también confirmaron el suceso. "Descansa General. QEPD. ¡¡¡EL ULTIMO CADETE!!!", se puede leer en el tablón. Mario Mireles, integrante de Los cadetes de Linares, espera que a lo largo de la jornada los restos mortales de Tijerina sean trasladados a Nuevo León, según recoge Notimex.

El grupo musical era originario del norte de México y estaba especializado en corridos, con el acordeón y el bajo sexto como instrumentos principales. Fue fundado en 1960 en Linares Nuevo León por Homero Guerrero y durante los setenta se convirtieron en un emblema de la música mexicana. De ellos son canciones como El palomito, No hay novedad o Las tres tumbas.

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Psicosis Tropical

Psicosis Tropical

La electrocumbia, una de las tendencias musicales que se instalan en Madrid

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Concierto de Electrocumbia. Rodrigo Adrianzen

La escena de tropical bass —también conocida como electrocumbia, o cumbia digital— es una de las movidas musicales culturales más atractivas de los últimos años. Y en Madrid también tiene su reflejo: esta noche, Animal Chuki, dúo formado por Andrea Campos y Daniel Valle-Riestra, tocan en la Sala Caracol (Bernardino Obregón, 18) como cierre de temporada de Guacamayo Tropical.

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Animal Chuki mezcla la cumbia con los sonidos andinos y rescata parte del legado de la música afro-peruana. “Hay una búsqueda de esos sonidos que están en nuestras raíces y que ahora se reinterpretan, preguntándonos de dónde vienen”, dice Andrea Campos. “Así no solo evitamos que ese ritmo caduque, sino que hacemos que sigan sonando”, añade.

Justamente fue en el Perú de los años sesenta donde surgió la curiosa mezcla que acabó en la electrocumbia, llamada en esa época cumbia psicodélica, y posteriormente chicha. Pero todo empieza en la cumbia; ese ritmo pegajoso y fácil de bailar que ha estado presente en Latinoamérica desde que que la cultura indígena, la española y la negra contactaron por primera vez. A pesar de los matices regionales, este ritmo contribuyó a nutrir el folclore de toda la región. Cuando los ritmos tropicales se toparon con los Andes algo ocurrió: se dio un triple encuentro porque el rock and roll, la nueva ola de Latinoamérica y el surf también entraron en esa mezcla.

Ese encuentro en la selva amazónica, en ciudades como Pucallpa, Moyobamba, o Iquitos quedó reflejado con bandas como Los Mirlos, o Juaneco y su combo —que ya estaban haciendo melodías psicodélicas con el teclado y la guitarra, prácticamente al mismo tiempo que Manzarek de The Doors— y en Lima, que fue por donde había entrado el rock. Bandas de surf-rock limeñas como los Saicos o los Belking´s fueron fundamentales para entender esa fusión que originaría innumerables bandas de chicha o cumbia peruana. Hasta ese momento la cumbia colombiana había sido un sonido básicamente acústico, con gaitas, cañas de mirlo, acordeones o guaracas. Pero las guitarras eléctricas y el sonido andino le dieron otra dimensión.

A pesar de sus vínculos con la modernidad, en el Perú la chicha se asoció a los inmigrantes campesinos que se asentaban en la ciudad y durante mucho tiempo fue discriminada por parte de las clases más acomodadas y autodenominadas “cultas”. Algo parecido ocurrió en Chile y Argentina. Hasta la eclosión de Internet y el cruce con la música electrónica, que acercó esos sonidos a las nuevas generaciones no ya de América Latina sino de todas partes del mundo.

Así, Guacamayo Tropical lleva varios años organizando fiestas y conciertos de electrocumbia en Madrid. Lo mismo hacen los chicos de Sonidero Mandril, Chico Trópico, o Conspiraciones Tropicales (colectivo que aúna a djs como Cholofoniks, Malaria o DJ Caution). Animal Chuki forma parte de este club. El tema Frutero —que da título a su primer LP— tiene un pregón introductorio del afro-peruano Nicomedes Santa Cruz. “Esa era la textura que queríamos rescatar en el disco, la de los vendedores ambulantes que salían a vender frutas y comida por las calles peruanas”, dice Daniel Valle-Riestra.

Además del concierto de esta noche, el 29 de julio también habrá Operación Bikini con Psicosis Tropical en la Sala Siroco (San Dimas, 3) con la presencia del argentino Rolando Bruno, Candeleros, y el dúo venezolano-peruano Nativo, que rescata los sonidos tribales de la selva amazónica. El sábado 30 de julio pinchará el dj chichero Caballito, en La Imperdible (Costanilla de los Desamparados, 21). Queda (electro)cum.

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Dúo Dinámico, los primeros ‘indies’ españoles

Dúo Dinámico, los primeros ‘indies’ españoles

El grupo barcelonés, con casi 60 años de carrera, se presenta esta semana en Sonorama rodeado de grupos jóvenes

Manuel de la Calva (izquierda) y Ramón Arcusa (derecha), El Dúo Dinámico.

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Si la noria que da vueltas al universo pop anglosajón siempre comienza por The Beatles, la latina nos lleva al Dúo Dinámico. Comenzaron en 1958, cuando nada existía: “Cantábamos, producíamos, nos hacíamos las fotos para la portada de nuestros discos. El hecho de que estuviera todo por inventar lo ponía, casi, fácil”, recuerda el barcelonés Ramón Arcusa —el alto—, con la clarividencia que dan los años. Y más cuando estás a punto de cumplir 80 y debutas en un festival como Sonorama —esta noche—. “Somos los primeros indies que existieron en este negocio”.

Lo proclaman con autoridad y hechos probados. “Lo teníamos todo muy claro… desde enseguida”, comenta Manuel de la Calva (Barcelona, 1937), el otro componente del grupo. Aunque jamás pensaron redondear una carrera que les fuera a durar ya casi 60 años. En 2016 han cerrado 14 fechas con conciertos en escenarios tan diversos como el Sonorama y el Liceu.

Puede que fuera su fortaleza física de campeones de natación, caso de Manuel, medalla infantil a nivel nacional. O su pasado común en Elizalde, la fábrica de motores de aviación donde se conocieron. El manual técnico que aprendieron allí lo aplicaron en parte a su carrera posterior. Fueron tiempos duros en la Barcelona de posguerra: “Me levantaba a las 5.30, iba a nadar, después a misa, a trabajar, a la academia, volvía a casa, cenaba, recogía la mesa y me ponía a diseñar planos…”, comenta Arcusa.

Más o menos el mismo plan llevaba su compadre. En cuanto a la música, aplicaron una fusión propia. “Yo canté jotas de pequeño pero me gustaba el bolero, Manuel era el raro: le daba al jazz”. Pero no con cualquiera. “Con Tete Montoliú y gente así, que parábamos en un bar de la calle Montaner”, apunta De la Calva.

Un día de los Santos Inocentes recalaron en el programa de radio La comarca nos visita. Ahí comenzó su despegue. Adaptaban temas de otros. Ya se habían decantado por un estilo que mezclaba el twist hispánico balbuciente con melodías y baladas de los Platters junto a variados aromas latinos. “Quisimos adaptar una canción de ellos al español, Prayer. La titulamos Rogar, pero la prohibió la censura”, recuerda Arcusa.

Corrieron algunas más hasta que decidieron cantar las suyas propias. “Y funcionaban igual”. Así se puso en marcha una máquina de éxitos populares, desde 15 años a El final del verano, que hoy siguen triunfando en todas las pistas, las bodas y los karaokes como himnos nostálgicos y sentimentales. En medio, probaron el merchandising. “Hicimos postales que vendíamos por toda España con buen beneficio. Llegamos a vender hasta 100.000”. Colorearon las portadas de los discos: “Nos habíamos comprado un jersey rojo y nos la querían meter en blanco y negro, para ahorrar. Si era rojo queríamos que saliera rojo y punto”.

El Dúo Dinámico actuando en la cuarta edición del Festival de la Canción de Benidorm, en 1962.

Se separaron, produjeron y compusieron para todo el abanico latino… Julio Iglesias, Rosa León, Los Chunguitos, Camilo Sexto, Ángela Carrasco, Nino Bravo, José Vélez… “Nos iba de puta madre, en Colombia llegaron a colocarse 10 canciones de las 20 primeras que eran producciones nuestras”, comenta Arcusa. La clave es saber estar en el sitio. “Cuando eres cantante, gozas de cierto estatus, al retirarte lo pierdes, pero en ese caso, si pasas a un segundo plano, no debes tener problema en llevarle las maletas a Julio Iglesias, como he hecho yo”, añade.

Se retiraron una vez porque intuyeron que los tiempos buscaban un paréntesis en el que no encajaban. “Dejamos de cantar porque imperaba la música protesta y cualquier periodista nos hacía la misma pregunta: ¿Qué mensaje lleva su canción…? Vimos que estábamos fuera de órbita. No formábamos parte de esos 200 que actuaban en los mítines del Partido Comunista. Llamamos a José María Íñigo y dijimos: nos vamos. ¿Podemos contarlo en tu programa?”. En 1972, retirada; en el 75, muere Franco… “Y en el 78, la gente esta ya hasta los cojones de canción protesta, así que nos vuelven a llamar”, recuerdan ambos. El empresario de la comunicación Antonio Asensio quería montar una fiesta por la salida de El Periódico de Catalunya, y les tentó. Pero no querían regresar. Así que se les ocurrió lanzar un órdago. “¿Cuánto cobran Serrat o Víctor Manuel? ¿Tanto? Pues el doble”. Un millón de pesetas de entonces, dijeron. Para su sorpresa, Asensio se acercó a la cifra. “Un millón no, pero 900.000, vale…”. Aceptaron. Al rato les habían salido 90 galas… “Íbamos a Zafra con un aparatito para recordar las letras, las bajábamos medio tono y no nos salían. Tuvimos que volver al tono normal”, recuerda De la Calva.

Desde entonces no se han vuelto a salir de la carretera. “Hemos tenido nuestros baches. Había temporadas que todo nos iba tan bien que nos relajábamos… Hemos metido hasta porquerías de bailes y de canciones que funcionaban. Pero, como dicen en Boss, una serie americana que me encanta, la inspiración siempre vuelve cuando tienes que pagar el recibo de la luz”, asegura Arcusa. Otra de sus claves han sido las prioridades. “No somos pasto del Hola. Un fallo muy común en otros es querer triunfar y solo triunfar. Siempre hemos puesto por delante nuestras vidas y familias”, añade De la Calva. Y para asombro del personal, con 79 años cumplidos, sueltan como aviso de futuro: “Nosotros nunca seremos muñecos rotos”.

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Latinoamérica cocina el sonido del futuro

Latinoamérica cocina el sonido del futuro

Una generación de músicos repartidos por el continente mezcla folclore, electrónica y punk para crear algo nuevo

Imagen promocional de la banda Systema Solar, colectivo músico-visual de la región Caribe de Colombia.

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La cumbia es como el agua. Así opinan algunos músicos y DJ que cultivan el género. Es un beat, un ritmo sencillo que se acopla bien con otros. Muy fácil de marcar. Tal vez en esa capacidad para la contaminación creativa resida el milagro de la música latinoamericana de los últimos años. Las nuevas generaciones, aquellas que crecieron al compás de la música electrónica y de Internet, han tendido un puente de conexión que permite llevar el sonido tropical, caribeño y andino fuera del continente.

El primer encuentro de la cumbia con los sonidos eléctricos ocurrió hacia mediados y finales de los años sesenta en el Perú, cuando el ritmo colombiano se amalgamó con las guitarras eléctricas del rock and roll, la nueva ola y el surf. Además de la música que llegaba de Reino Unido y Estados Unidos, grupos peruanos como los Saicos o los Belking’s producían sonidos psicodélicos que los cumbieros tomarían prestados. De esa unión nacen grupos de enorme repercusión como Juaneco y su Combo, Los Destellos, o Los Mirlos. A ese sonido se le llamaría cumbia psicodélica y, casi al mismo tiempo, cuando pasa por los Andes, chicha. La chicha durante los años setenta y ochenta, con la aparición de bandas como Los Shapis, Chacalón y su nueva crema, o Guinda, se convertiría en un género tan popular como la salsa en los barrios de la periferia. Durante esos años, Lima sufría una gran transformación debido a las migraciones del campo a la ciudad, y la chicha fue el género musical preferido de los inmigrantes. Los chicheros mezclaban el huayno de los Andes y la cumbia tropical con los agudos sonidos de las guitarras eléctricas y teclados, creando atmósferas melancólicas, pero al mismo tiempo festivas; letras y canciones que identificaban a un colectivo que pasaba de una vieja vida rural a una nueva vida urbana. En los años noventa, la chicha fue mutando hacia la tecno-cumbia, e incluso Alberto Fujimori intentó apropiarse del sonido con su Baile del chino, ocasionando que los adolescentes y jóvenes limeños terminaran hastiados.

Paralelamente, durante esa segunda mitad de los años noventa, en Bogotá, tres amigos del colegio y estudiantes de música comenzaban a estudiar y explorar los distintos sonidos que las raíces latinoamericanas daban de sí. Mario Galeano, Pedro Ojeda y Eblis Álvarez, bogotanos nacidos en 1977, comenzaron a escarbar en los sonidos que durante décadas se había estado escuchando en la región. “Nuestra idea era volver a ese sentimiento tropical, pero nos encontramos que en Perú, por ejemplo, era lo contrario, que ese sentimiento de emancipación pasaba por el punk y el rock, porque el sonido tropical estaba muy saturado”, cuenta Ojeda sentado a la salida de la sala Moby Dick (Madrid) junto a Galeano y Álvarez. El trío forma Los Pirañas, banda que lleva el sonido tropical a otro nivel, como si Hendrix hubiese frecuentado garitos de la cumbia. “En nuestro caso fue un acercamiento muy colectivo, porque desde el colegio los tres la veníamos escuchando en las fiestas familiares, pero nosotros nos apropiamos del ritmo desde muy jóvenes”, continúa Ojeda.

Integrantes de la banda Kumbia Queers, “seis chicas que tocan punk tropical”, en un proyecto que nació en Buenos Aires en 2007.ampliar foto
Integrantes de la banda Kumbia Queers, “seis chicas que tocan punk tropical”, en un proyecto que nació en Buenos Aires en 2007.

En el Bogotá de los años noventa, varios músicos de rock intentaron bucear en las profundidades de los ritmos folclóricos para encontrar ese nuevo sonido que los identificara como latinoamericanos. Bloque de Búsqueda, Aterciopelados, o Carlos Vives (en una corriente más pop) hicieron lo mismo que, simultáneamente, andaba haciendo Café Tacuba en México con el mariachi o Miki González con el negroide peruano durante los ochenta. La llegada a Bogotá del productor inglés Richard Blair y su trabajo conjunto con Iván Benavides ayudaron a crear un nuevo rock-pop colombiano. El proyecto electrónico de Blair, Sidestepper, surgido casi al mismo tiempo que el Ensamble Polifónico Vallenato del trío Galeano-Ojeda-Álvarez, comenzó a mezclar los beats electrónicos con la salsa. “Ellos intentan hacerlo más comercial, mientras que nosotros estábamos viéndolo y haciéndolo desde adentro y desde una habitación”, cuenta Galeano, que junto con sus compañeros de banda están detrás del Frente Cumbiero. Álvarez tiene otro proyecto más: Meridian Brothers.

Champeta y tocadiscos

Bogotá también encontró en los ritmos de la costa colombiana una gran fuente de inspiración durante los últimos años de los noventa. A diferencia de la capital, la zona costeña de Colombia —Barranquilla, Cartagena y Santa Marta— tiene fuertes raíces africanas. Champeta es el nombre que se le da a toda esa serie de ritmos y sonidos que llegaron a través de los esclavos que desembarcaron en la costa atlántica con la conquista.

San Basilio de Palenque es un pueblo donde se refugiaban los negros liberados y que, posteriormente, pasó a convertirse en el primer pueblo libre de América (se disputa el lugar de honor con Yanga, otra localidad negra en Veracruz). La champeta, que en la jerga popular significa machetilla o cuchillo, surge como género musical en los ochenta, cuando la música era amplificada a través de enormes altavoces llamados picós (castellanización de pick-up, el tocadiscos portátil) originando enormes fiestas. “Fueron los primeros soundsystems, porque ponían música africana de todos lados”, dice UpRoot Andy, DJ canadiense criado en Brooklyn, conocido por sus fiestas ¡Qué Bajo! “Ese fue el primer ejemplo de las fiestas que hacemos hoy en día”. La llegada de Internet, la digitalización de vinilos y la música electrónica recuperan todos esos sonidos, que estaban perdidos en lo analógico.

Los chilenos Chico Trujillo
Los chilenos Chico Trujillo

Bomba Estéreo, ChoQuibTown, Systema Solar, Chicha Libre, Elegante & la Imperial, o La Yegros son algunas bandas que le dan una vuelta y recuperan esos ritmos que, en algunos casos, al igual que la chicha en Lima, sufrieron una cierta estigmatización por las clases acomodadas y cultas. Los peruanos de Dengue Dengue, o Animal Chuki son colectivos que mezclan la chicha y recorren festivales de electrónica en diversos países. “Esto sería como el punk de nuestra época, porque rescata aquello que era considerado lo más bajo”, dice Nicola Cruz, ecuatoriano que retoma los sonidos folclóricos andinos. “La música electrónica es el lenguaje contemporáneo y me permite tocar música de los Andes en España, por ejemplo. Una especie de reconquista. Pero hay que tener cuidado, al ser más accesible, la música puede caer no siempre en las mejores manos”.

Paco de Lucía

El negroide y el sonido del cajón que los esclavos peruanos crearon al sur de Lima y que Paco de Lucía trajo a España a finales de los años setenta es recuperado por Novalima. Nortec hace lo mismo con las corridas y las norteñas mexicanas de la zona de Tijuana. En las Villas Miseria de Argentina, la cumbia villera explota casi al mismo tiempo que el corralito y pasa de marginal a convertirse en el mainstream. Kumbia Queers añade a todo ello una actitud punk. Rolando Bruno retoma lo psicodélico. Chancha Vía Circuito, El Hijo de la Cumbia, o SidiRum lo hacen pasar por filtro de la electrónica. La disquera ZZK, de Buenos Aires, viene difundiendo la cumbia digital desde 2008. En Chile a eso se le llama chilumbia y Chico Trujillo es uno de sus adalides. Aunque lo más interesante quizá esté aún por venir. El mestizaje podría continuar. Aún hay sorpresas, como las vividas tras los bastidores de la sala Caracol de Madrid el pasado 6 de julio, donde Novalima y Nortec improvisaron algo totalmente inédito. El negroide peruano con la norteña de Tijuana y unos timbales que marcaban el beat cumbiero. Aquello sonó a futuro.

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Perales a precio de Beyoncé

Perales a precio de Beyoncé

Cantantes que triunfaron en España hace décadas y ahora se consideran producto de karaoke entre los más jóvenes siguen llenando salas legendarias en Estados Unidos

Marc Anthony (izquierda) y José Luis Perales, en la gala de los Grammy latinos en Las Vegas, en 2010. REUTERS / ATLAS

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La muerte de Juan Gabriel ha encontrado gran eco a un lado y otro del Atlántico. En América, el llanto ha sido inconsolable; en España ha desempolvado recuerdos en forma de cintas de casete: canciones que uno no recordaba que se sabía. Dos días antes de morir, el cantante mexicano convocó a 20.000 personas en Los Ángeles y derrochó energía en el escenario. Son los que llaman artistas “de ayer y de siempre”, pero, por alguna razón, España ha soltado amarras con muchos de los que triunfaron hace unas décadas.

Miles de personas en Estados Unidos pagan el mismo dinero para escuchar esas voces que para un gran concierto de Beyoncé, The Rolling Stones o Madonna. Y los promotores musicales, sin más prejuicio que el de los números, tenían preparado el Barclays Center de Brooklyn para Juan Gabriel el 9 de octubre, porque sabían que la arena rugiría ante sus excéntricos modelitos, su voz rasgada y su personalidad única. Público de todas las edades lo estaba esperando.

La página web de José Luis Perales anuncia conciertos en Mérida, Logroño y A Coruña, antes de recalar, el 9 de noviembre, en el Beacon Theatre de Nueva York, el mismo que en junio acogió la gala de los premios Tony y uno de los espacios con más solera de Manhattan. La entrada más barata allí cuesta 90 dólares (80 euros) y la más cara ronda los 300 (268 euros). Anoche actuó en Calasparra, donde las entradas se pusieron a la venta desde 22,95 euros.

‘¿Y cómo es él?’

Hace unos días, cuando Marc Anthony hizo el primero de sus cinco conciertos con todas las entradas vendidas en un lugar tan legendario como el neoyorkino Radio City Music Hall, no hubo momento más vitoreado que su versión de ¿Y cómo es él?, de Perales. Sin embargo, el famoso ¿Y cómo es él? en España se canta, más que se escucha, en los karaokes, donde la nostalgia de una generación ha rescatado éxitos de Julio Iglesias, Camilo Sesto, Rocío Dúrcal, Paloma San Basilio…

Por cierto, que muchos de los que escuchaban a Marc Anthony ya esperaban el regreso de Isabel Pantoja tras dejar atrás la prisión. Los latinos tiran de esta música. Nuria Net, redactora de música de Univisión, apunta también a la nostalgia: “Escuché más a Juan Gabriel al llegar a Nueva York, cuando conocí a un grupo de millenials mexicanos, emigrantes en Estados Unidos. Tienen la nostalgia de la música de sus padres, de la cultura mexicana”. Y de los españoles, como Rocío Dúrcal, que triunfaron allí.

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Lola Flores, en Madrid en 1983. EFE

El Beacon Theatre tiene una cita ineludible cada año con Raphael, quizá el único que en España ha conseguido renovar éxito tras éxito mientras “sigue siendo aquél”, por mucho que actúe en el Festival de Benicàssim ante una audiencia indie.

Los más jóvenes y en vanguardia, a muchos de estos artistas los descubren desde lo kitsch, para concluir, una vez conocidos, que tienen gran valor artístico. El cantante aragonés Enrique Bunbury citaba al de Linares como una de sus grandes influencias. Otros, como el Dúo Dinámico, son ahora también plato fuerte en los festivales veraniegos.

Marcelo Báez es dj de la fiesta Rico Suave, heredera del Nacoteque (naco significa algo así como cutre u hortera en México). Es una fiesta itinerante, cuya última sesión fue el sábado (dedicada a Juan Gabriel) en la calle Bowery del East Village de Nueva York. Báez pincha a artistas como Camilo Sesto explotando su lado kitsch. Ha trabajado en salas como RazzMatazz, en Barcelona, y es un habitual del bajo Manhattan.

“Estos artistas se mantienen vigentes porque trabajan mucho. Raphael, por ejemplo, hace unas giras locas con muchísimos conciertos todos los años”. El pinchadiscos atribuye el éxito también a la implantación de la novela rosa en Latinoamérica. “Es muy potente, no nos da vergüenza ese lado cursi por alguna razón y la gente está muy entregada con eso. En España es distinto”. “En Latinoamérica”, opina Báez, “somos admiradores más neutros. A los españoles les pregunto y les interesan la rivalidad. Si les gusta Isabel Pantoja no les gusta la Jurado. En Latinoamérica a todos nos gustan todos. Y además, nos encanta ser muy fanáticos de las cosas”.

Juan Gabriel, en San Juan (Puerto Rico) en 2015.ampliar foto
Juan Gabriel, en San Juan (Puerto Rico) en 2015. GV Cruz WireImage

El fenómeno latino, sin embargo, no es nuevo en Estados Unidos, simplemente tiene su público. Hace unos años, el Ballet Nacional de Cuba dio dos funciones en Miami. La primera de ellas fue lleno total y la segunda, en cambio, estuvo semivacía. No faltó quien atribuyó esa escasez de entrada a la actuación, el mismo día, de Pimpinela, el dúo que sigue llenando grandes recintos a un lado del océano, mientras suena a verbena antigua en el otro. Cuando Paloma San Basilio anunció su gira de despedida no paró en Nueva York y su público se preguntó por qué.

“No canta, no baila…”

El éxito de los artistas españoles en Estados Unidos tiene notables precedentes. Difícil no citar la famosa sentencia con que The New York Times saludó la actuación de Lola Flores en el Madison Square Garden de Nueva York: “No canta, no baila, no se la pierdan”. Lola Flores también gozó del éxito hasta el final en España.

Pero algunos triunfan más en América que en su tierra. Sin embargo, en otros sectores, el éxito conseguido en Estados Unidos se respeta, es marchamo de calidad. Ocurre con los Oscaren el cine, o con el baloncesto o, incluso, con la ciencia.

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